Parroquias de Alcadozo y Liétor

JUEVES DE LA SEMANA III DEL TIEMPO ORDINARIO. EL EVANGELIO DEL 28 DE ENERO


EVANGELIO
En aquel tiempo, dijo Jesús a la muchedumbre: «¿Se trae el candil para meterlo debajo del celemín o debajo de la cama, o para ponerlo en el candelero? Si se esconde algo, es para que se descubra; si algo se hace a ocultas, es para que salga a la luz. El que tenga oídos para oír, que oiga.»
Les dijo también: «Atención a lo que estáis oyendo: la medida que uséis la usarán con vosotros, y con creces. Porque al que tiene se le dará y al que no tiene se le quitará con creces hasta lo que tiene.»
Marcos   4, 21-25
COMENTARIO


Hay un cristianismo de baja intensidad muy preocupante. Consiste en una mezcla de tres actitudes que por separado son inofensivas, pero que unidas constituyen una bomba antropológica digna del mejor de los estudios sociológicos. Me explico.

Imaginemos a una persona que se pasa buena parte de su vida haciendo gala de su pequeñez (soy poca cosa, no soy digno de…); imaginemos del mismo modo a otra persona que con buen criterio ha decidido no dar lecciones a nadie y por tanto no ejercer de maestro de nada (quien soy yo para decir tal o cual cosa…, doctores tiene la iglesia …); imaginemos finalmente a quien, incluso con buen criterio, hace suyo en la apuesta pública de su fe el cantar de Machado, que dice así: "nunca perseguí la gloria ni dejar en la memoria de los hombres mi canción, yo amo los mundos sutiles, ingrávidos y gentiles como pompas de jabón". Imaginemos….

Un cristianismo de baja intensidad y unos cristianos de bajo perfil, efectivamente se nutren de instituciones y personas conscientes de su pequeñez, muy cómodos en su invisibilidad, y rodeado de un glamour espiritual propio de caminantes, cuya huella se va borrando del mismo modo que la estela se desdibuja en el mar.

Dicho en mejores palabras de Jesús, quizás sea este  el cristianismo propio de un candil puesto bajo el celemín o la cama… si hay que encenderlo se enciende, pero encenderlo para nada…


Por eso Jesús fue muy contundente: un cristianismo de tan escasas proporciones acaba no siendo medida para nadie… ni para uno mismo. Simplemente … no es nada.


MARTES DE LA SEMANA III DEL TIEMPO ORDINARIO. EL EVANGELIO DEL 26 DE ENERO


EVANGELIO
En aquel tiempo, llegaron la madre y los hermanos de Jesús y desde fuera lo mandaron llamar. La gente que tenía sentada alrededor le dijo: «Mira, tu madre y tus hermanos están fuera y te buscan.»
Les contestó: «¿Quienes son mi madre y mis hermanos?»
Y, paseando la mirada por el corro, dijo: «Estos son mi madre y mis hermanos. El que cumple la voluntad de Dios, ése es mi hermano y mi hermana y mi madre.»
Marcos   3, 31-35
COMENTARIO


Que el judaísmo en tiempo de Jesús tenía comportamientos típicos de una secta nadie lo pone en duda. Considerarse “pueblo elegido” a costa de otros lo expresa con rotunda claridad. Que la familia de Jesús participaba de esta convicción cultural y religiosa es evidente. El evangelio de hoy así lo revela; cuando se dan cuenta de que Jesús está revolucionando el “ideario” religioso del momento van en su busca para re-introducirlo en los límites y seguridades de “su familia”. El problema es que Jesús les “hace frente”: “estos son mi madre y mis hermanos. El que cumple la voluntad de Dios, ése es mi hermano y mi hermana y mi madre”.



La Iglesia católica no es una secta y no es este comentario diario el lugar para justificarlo. Ahora bien, en la Iglesia católica hay, en ocasiones, comportamientos sectarios. De nuestra capacidad para ser críticos con dichos comportamientos, a mi juicio, depende nuestra salud personal y espiritual y la credibilidad de nuestra experiencia de fe.



El “abc” de la sociología de la religión nos dice que una secta se caracteriza por tres o cuatro cosas muy concretas: la autoridad y el poder de un líder especialmente manipulador y con comportamiento de niñato adolescente en el fondo; sus miembros se creen que sólo ellos van a salvar al mundo; por tanto dividen el mundo en salvados y condenados, listos y tontos, con razón o sin ella; sus miembros, generalmente padecen déficits afectivos e intelectuales  considerables de modo que la inseguridad y la falta de criterio les convierte en presa fácil.


En los grupos que pululan por nuestra Iglesia a veces es fácil detectar estas características; en ocasiones nos encontramos con grupos que si bien no están cerrados, sin embargo la disidencia, la capacidad crítica y la heterodoxia de los mismos se penaliza con la exclusión

Si el líder es “listo” la exclusión es muy “fina”, porque no es expulsión física, es expulsión que caracteriza al disidente como alguien que no sintoniza, como “verso suelto”, o como no partícipe de la “moda” de turno (la del líder). Ahora bien, si el líder no es muy listo deja muchas huellas y su sectarismo, al fin y al cabo no es más que la afirmación del culto a su personalidad que, por naturaleza, es excluyente.

Con todo eso hay que romper, porque hay “rupturas que crean fraternidad”. Jesús es especialista en estas rupturas. Rompe con el imperialismo despótico de la Ley judía; rompe con el sectarismo del Templo de Jerusalén, y rompe con la dictadura y la tiranía de los afectos “familiares o de grupo” que tienen generalmente una capacidad de manipulación tremenda. 

Y Jesús, rompiendo, crea una fraternidad mas amplia, más plena y más humana, en la que la libertad y la apertura resultan sanadoras y saludables a pesar de las intemperies (algunas muy incómodas) que tiene que vivir en su proyecto.

Hoy es un buen día para detectar comportamientos sectarios en nuestros alrededores religiosos, familiares, afectivos y poner nombre a las rupturas que hemos de realizar. Todo ello por un fin bueno: cumplir la voluntad de Dios o lo que es lo mismo construir, testimoniándolo personalmente, el proyecto del Evangelio.

PD: Una buena reflexión sobre comportamientos sectarios en nuestra Iglesia  puedes encontrarla en el puntito  de más abajo
http://iglesiadepozohondo.blogspot.com.es/2014/11/espectaculo-espectadores-o-simplemente.html
Y un comentario un poco más técnico sobre el exclusivismo de los judíos puedes encontrarlo en este otro puntito rojo de más abajo:

LA CONVERSIÓN DE SAN PABLO. EL EVANGELIO DE HOY, 25 DE ENERO



EVANGELIO
Se apareció Jesús a los Once y les dijo: «Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación. El que crea y se bautice se salvará, el que se resista a creer será condenado. A los que crean, les acompañarán estos signos: echarán demonios en mi nombre, hablarán lenguas nue- vas, agarrarán serpientes en sus manos y, si beben un veneno mortal, no les hará daño. Impondrán las manos a los enfermos, y quedarán sanos».


COMENTARIO


Nunca pasa desapercibida la fiesta de la Conversión de San Pablo. San Pablo fue un explorador. Él hizo en su propia historia lo que después convirtió en trabajo evangelizador para la Iglesia de Jesús. 

Pablo se puso en camino hacia la tierra “gentil” que había dentro de su corazón. Era judío, desde luego, pero tan lleno de ley que no le cabía Dios. Por eso "se hizo" gentil..., porque no le cabía Dios en su vida. ¿Quién convirtió a quién...el judio al gentil o el gentil al judío?
Sólo cuando él hizo la experiencia de la gentilidad, se desenredó de la ley y comenzó a caminar, admitió al Padre como compañero y caminante junto a él.

Y Pablo, explorando su corazón, aprendió a explorar otras tierras, otras maneras de transmitir la experiencia de Dios.  Buen testimonio el de este hombre, que nos pone sobre aviso del riesgo de convertirnos en exploradores de la nada si antes no nos hemos llenado del Todo en nuestra vida.


La misión empieza en nuestro propio corazón, nos hace humildes y nos prepara para el viaje. Y siempre con los dos instrumentos  que, como armas de la fe, incorporó Pablo a su persona: la fidelidad y la libertad. No pueden ir una sin la otra, son el anverso y el reverso, las dos caras de una moneda; libertad, como el valor que mejor define la dignidad del ser humano, y fidelidad, como la grata experiencia de saberse referido a Alguien que es garantía de nuestra verdad