Parroquias de Alcadozo y Liétor

EVANGELIO DEL DOMINGO 28 DE JUNIO. SEMANA 13 DEL TIEMPO ORDINARIO.



EVANGELIO
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus apóstoles:
«El que quiere a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que quiere a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí; y el que no carga con su cruz y me sigue, no es digno de mí.
El que encuentre su vida la perderá, y el que pierda su vida por mí, la encontrará. El que os recibe a vosotros, me recibe a mí, y el que me recibe, recibe al que me ha enviado; el que recibe a un profeta porque es profeta, tendrá recompensa de profeta; y el que recibe a un justo porque es justo, tendrá recompensa de justo.
El que dé a beber, aunque no sea más que un vaso de agua fresca, a uno de estos pequeños, solo porque es mi discípulo, en verdad os digo que no perderá su recompensa».


Mateo 10, 37-42

COMENTARIO


El comienzo del evangelio de este domingo es atronador. Tanto su lectura literal como su interpretación espiritualista descristianizan su mensaje.

Originariamente, la comunidad cristiana debió entender aquellas palabras de Jesús como una crítica al judaísmo más creído de su época. Sentirse estirpe elegida, es decir, poner la familia y la sangre como criterio catalizador de la religión, no parece que fuera algo que Jesús pudiera encajar. 

Precisamente por esta cuestión Jesús reclama para sí una fidelidad extrema. Pero no porque Jesús revele a  un Dios celoso, sino porque no puede consentir que la familia y la estirpe judía sea un criterio de discriminación divina.

Lo que el judaísmo exige para si, Jesús lo cuestiona reclamando fidelidad a su persona. La familia "judía" no puede agotar la experiencia de Dios. Esta es la clave del texto. 

Pero cuando leemos estas palabras en el hoy de nuestra vida no podemos hacer una "apaño" fácil diciendo que Dios es lo primero y la familia es lo segundo. Eso es absurdo y necio. El amor suma, nunca resta. Ya lo dijo expeditivamente San Juan: Si no amas a tu hermano al que ves, cómo vas a amar a Dios a quien no ves.

Ahora bien, creo que el texto de hoy, leído en nuestras coordenadas culturales, sí que nos pone sobre aviso de tres vicios del amor que supondrían una actualización de los errores judíos.

En primer lugar, los celos. Esta experiencia consiste en manipular, cuando no chantajear, los sentimientos del otro reclamando para sí una enfermiza fidelidad. Estar siempre al acecho del otro más que fe, revela desconfianza, y más que pasión, manifiesta inseguridad. 

En segundo lugar, la posesión. Poseer cosas, actitudes, sentimientos, ideas... y trazar un hermético circulo sobre ellos, nos convierte en seres negados al encuentro. La fidelidad a lo que "poseemos" nos convierte en personas obsesionadas y encerradas.

En tercer lugar, el orgullo. Al fin y al cabo, el orgullo es poseerse a sí mismo. El orgulloso se fabrica una estirpe, elige un linaje y, si te descuidas, se dibuja un escudo identitario al más típico estilo feudal.

Jesús cuestionaba la familia judía como portadora exclusiva de la tradición divina. De ahí las frases tan duras del comienzo. Creo que ese no es nuestro problema. Ahora bien, nuestra sociedad sí que es dada, a la competitividad celosa, a la posesión obsesiva y al orgullo excluyente. 

Y estas tres actitudes si que dificultan eso de "amar a Dios sobre todas las cosas". 






EVANGELIO DEL VIERNES, 26 DE JUNIO. SEMANA 12 DEL TIEMPO ORDINARIO


EVANGELIO

Al bajar Jesús del monte, lo siguió mucha gente.
En esto, se le acercó un leproso, se arrodilló y le dijo:
«Señor, si quieres, puedes limpiarme». Extendió la mano y lo tocó, diciendo:
«Quiero, queda limpio».
Y en seguida quedó limpio de la lepra.
Jesús le dijo:
«No se lo digas a nadie, pero ve a presentarte al sacerdote y entrega la ofrenda que mandó Moisés, para que les sirva de testimonio».



Mate8 8, 1-4

EVANGELIO DEL MIÉRCOLES 24 DE JUNIO. FESTIVIDAD DE SAN JUAN

EVANGELIO
A Isabel se le cumplió el tiempo del parto y dio a luz un hijo. Se enteraron sus vecinos y parientes de que el Señor le había hecho una gran misericordia, y la felicitaban. A los ocho días fueron a circuncidar al niño, y lo llamaban Zacarías, como a su padre. La madre intervino diciendo: «¡No! Se va a llamar Juan.» Le replicaron: «Ninguno de tus parientes se llama así.» Entonces preguntaban por señas al padre cómo quería que se llamase. Él pidió una tablilla y escribió: «Juan es su nombre.» Todos se quedaron extrañados. Inmediatamente se le soltó la boca y la lengua, y empezó a hablar bendiciendo a Dios. Los vecinos quedaron sobrecogidos, y corrió la noticia por toda la montaña de Judea. Y todos los que lo oían reflexionaban diciendo: «¿Qué va a ser este niño?» Porque la mano del Señor estaba con él.
Lucas   1, 57-66


EVANGELIO DEL MARTES 23 DE JUNIO. SEMNA 12 DEL TIEMPO ORDINARIO.



EVANGELIO
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
-«No deis lo santo a los perros, ni les echéis vuestras perlas a los cerdos; las pisotearán y luego se volverán para destrozaros.
Tratad a los demás como queréis que ellos os traten; en esto consiste la Ley y los profetas.
Entrad por la puerta estrecha. Ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos entran por ellos.
¡Qué estrecha es la puerta y qué angosto el camino que lleva a la vida! Y pocos dan con ellos.»

Mateo  7, 6.12-14