Parroquias de Alcadozo y Liétor

EVANGELIO DEL DOMINGO 29 DE NOVIEMBRE. SEMANA 1 DE ADVIENTO



EVANGELIO 
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
–«Mirad, vigilad: pues no sabéis cuándo es el momento.
Es igual que un hombre que se fue de viaje y dejó su casa, y dio a cada uno de sus criados su tarea, encargando al portero que velara.
Velad entonces, pues no sabéis cuándo vendrá el dueño de la casa, si al atardecer, o a medianoche, o al canto del gallo, o al amanecer; no sea que venga inesperadamente y os encuentre dormidos.
Lo que os digo a vosotros lo digo a todos: ¡Velad!»

Marcos   13, 33-37
COMENTARIO

Es curiosa la llamada a la vigilancia presente en la primera comunidad cristiana. El evangelio de hoy se sitúa a las puertas de los relatos de la pasión de Jesús. Me imagino que se preguntaría por el desenlace que le esperaba dada la forma de vida que había llevado. Aún así, no hay queja sino expectativa.

 

Por eso, ni el juicio, ni la resignación, ni la queja constituyen el centro de la vida del creyente. El cristiano se caracteriza por la atención y por la vigilancia. Y la vigilancia es la suerte de quienes tienen expectativas, es decir, de los que tienen esperanza. Estoy convencido que hay tantas maneras de vigilar como formas de esperar.

 

En ocasiones el creyente ha de ser como el vigilante de un museo; callado, sereno, tranquilo…muy tranquilo, la verdad, hasta el punto de ser inapreciable su presencia. Pero, en el momento en que alguien rebasa el espacio de seguridad de una obra de arte... allí está advirtiendo de la infracción. Y es que esperar es la actitud lúcida de quien sabe cuándo ha de estar paciente y cuándo agente; cuándo hay que llorar y cuando reír; cuando hay que pronunciar la palabra adecuada o valerte del silencio revelador. 

 

Otras veces el creyente ha de ser como el científico ante un microscopio. El científico vigila al objeto que investiga minuciosamente y sabe de sus comportamientos aparentemente imperceptibles. El mundo que se ve vigilando con un microscopio escapa a la percepción normal y cotidiana. Hay mucha vida que está delante de nosotros cada día y no la vemos. Es muy típico el comentario que hacemos ante alguien que nos sorprende con actitud, y entonces le decimos: "en el fondo... eres buena persona". Esperar, también significa ejercitarse en el noble arte de saber mirar lo pequeñoel fondo, lo inexplorado de quién tenemos a nuestro lado.

 

Y también, el creyente ha de emular a los marineros vigías que subidos en la cofa de un barco avistaban tierra. Aún les quedaba trecho por recorrer, pero la ilusión por la llegada futura bien les merecía la pasión del embregado presente. Las personas necesitamos tener ilusiones, sueños y puntos de llegada posibles que, en sana tensión vital, nos recuerde que el esfuerzo de cada día no es irrelevante, sino más bien conveniente.

 

 

 

EVANGELIO DE JUEVES 26 DE NOVIEMBRE. SEMANA 34 DEL TIEMPO ORDINARIO


EVANGELIO
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Cuando veáis a Jerusalén sitiada por ejércitos, sabed que está cerca su destrucción. Entonces, los que estén en Judea, que huyan a la sierra; los que estén en la ciudad, que se alejen; los que estén en el campo, que no entren en la ciudad; porque serán días de venganza en que se cumplirá todo lo que está escrito. ¡Ay de las que estén encinta o criando en aquellos días! Porque habrá angustia tremenda en esta tierra y un castigo para este pueblo. Caerán a filo de espada, los llevarán cautivos a todas las naciones, Jerusalén será pisoteada por los gentiles, hasta que a los gentiles les llegue su hora. Habrá signos en el sol y la luna y las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, enloquecidas por el estruendo del mar y el oleaje. Los hombres quedarán sin aliento por el miedo y la ansiedad ante lo que se le viene encima al mundo, pues los astros se tambalearán. Entonces verán al Hijo del hombre venir en una nube, con gran poder y majestad. Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza: se acerca vuestra liberación.»

Lucas   21, 20-28
COMENTARIO



Seguimos con el lenguaje apocalíptico propio de este tiempo previo al Adviento y a la Navidad. 

El mensaje fundamental del evangelio de hoy, dicho en palabras sencillas, nada tiene de pesimista. Al revés, parece ser una clara expresión de realismo esperanzado. Es como si Jesús dijera: no os pongáis nerviosos, porque de la máxima desdicha surgirá la dicha; del máximo fracaso, el triunfo; de la máxima podredumbre, el fruto deseado; de la muerte , la vida, de la corupción la pureza. ¿Hace falta fe para eso? Sí. O al menos, confianza, un poquito de confianza.


El ser humano tiene una especial capacidad para determinar (configurar) la realidad. Si un día lo vemos todo negro contagiamos a los de alrededor de ese pesimismo, y además las cosas, decididamente, no nos saldrán. 

El texto de hoy es una llamada a pensar de modo alternativo. Jesús no consentía que triunfara la espiral de pesimismo del que a veces nos rodeamos las personas.

Hace falta gente que rompa estas espirales de esterilidad: expresiosnes tales como “todo está muy mal”, “qué va ser de nosotros”, “no se puede hacer nada”; todo eso beneficia a los que pronuncian esas frases, bien para legitimar su manera de pensar o bien para no hacer nada. Jesús cuestiona el "sistema" de la continua queja estéril y apuesta por el "sistema" de las soluciones concretas, locales y, en ocasiones, simplemente puntuales.

Hace falta gente que rompa estos discursos con imaginación realista y comprometedora. 

Más comentarios sobre la apocalíptica judía, podéis leerlo aquí.Y también pulsando en este punto rojo de más abajo.

EVANGELIO DEL LUNES 23 DE NOVIEMBRE. SEMANA 34 DEL TIEMPO ORDINARIO.



EVANGELIO
En aquel tiempo, alzando Jesús los ojos, vio unos ricos que echaban donativos en el arca de las ofrendas; vio también una viuda pobre que echaba dos reales, y dijo: «Sabed que esa pobre viuda ha echado más que nadie, porque todos los demás han echado de lo que les sobra, pero ella, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir.»

Lucas 21, 1-4

COMENTARIO

Después de leer este texto siempre me he preguntado en qué quedaría la viuda, porque viuda y sin sus dos últimos reales, su destino era más que problemático.

Ya sabemos que una viuda en tiempo de Jesús era el prototipo de la exclusión social; mujer, y sin marido. Menos no se podía ser (en aquel tiempo, me refiero). Si además echó en el cepillo todo lo que tenia para vivir… y no constando que en aquel tiempo existieran pensiones no-contributivas… el desenlace fue total.

¿Cuál es entonces la clave del texto? Parece claro… la viuda es Jesús. Jesús ve a la viuda en el templo después de que él se haya enfrentado a los poderes de los sacerdotes, y contemplándola a ella se vio a sí mismo. 

Jesús volcó toda su fuerza provocadora contra el templo con el que se encontró en su momento histórico. No estaba dispuesto a consentir un templo (un dios, una religión) así. Ante aquel templo quemó todas sus naves. El templo no podía ser ni negocio, ni entretenimiento, ni "consumo". Un templo convertido en eso era un templo prostituído. De ahí esa crítica tan radical de Jesús y esa "apuesta" tan decidida a morir por el templo ("ha echado todo lo que tenía para vivir").

Jesús cayó en la cuenta en ese instante de que hay parcelas de la vida que no admiten medias tintas. En ocasiones es o todo o nada. Y Jesús sintió que aquello en lo que había invertido toda su vida se le “había revuelto”. 

Por eso Jesús es creíble, porque no se había reservado nada. Él no daba lecciones ni mucho menos órdenes; tampoco jugaba a ser líder cantarín de efímeros proyectos de baja intensidad. Lo suyo era revolucionar el templo hiriéndolo en todo su centro: la “casta” judía del momento. Desde esta perspectiva la garantía del triunfo del proyecto de Jesús está en su muerte. Así de paradójico. Así de real.

La religión de Jesús tiene este continuo punto incómodamente paradójico y conflictivo. Recordad: Jesús es rey, pero no es coronado con tiara papal sino con corona de espinas; Jesús utiliza un trono, pero que no es una sede santa sino un madero ignominioso; Jesús anuncia el reino con el signo de un banquete esplendoroso, pero a las postre, dicho banquete, fueron los escuetos signos de un mendrugo de pan, y un trago de vino.

Esta es la conflictividad permanente del cristianismo...y su ambigüedad. No es raro que desconcierte, porque tal desconcierto es signo de estar en el buen camino.