Parroquias de Alcadozo y Liétor

MARTES DE LA SEMANA I DE ADVIENTO. EL EVANGELIO DEL 1 DE DICIEMBRE


EVANGELIO
En aquel tiempo, lleno de la alegría del Espíritu Santo, exclamó Jesús:
- "Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y a los entendidos, y las has revelado a la gente sencilla.
Sí, Padre, porque así te ha parecido bien.
Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce quién es el Hijo, sino el Padre; ni quién es el Padre, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiere revelar."

Lucas   10,21-24
COMENTARIO

"...y las has revelado a la gente sencilla"... 
que revolución y que peligro encierra esta frase.

No es lo mismo la "religiosidad popular" que la "popularización de la fe". Los tiempos eclesiales que nos tocan vivir albergan, bajo la denominación de religiosidad popular, una banda de expresiones religiosas que van desde sencillas, sinceras, respetables e incluso envidiables manifestaciones de fe, hasta interesadas, idolatricas y perversas prácticas que rondan la superstición , y lo que es más grave, la alienante y aberrante confusión entre ostentación y estética. El arte, por definición, siempre ha huido de la ostentación , porque su lugar habitual es la estética; y la estética huye de la ostentación como el aceite del agua. 

Lo que Jesus hizo fue "popularizar" la fe. La hizo accesible a la gente sencilla. Más aún, se dejo evangelizar por la gente sencilla. Y la popularizó porque frente a la todopoderosa estructura religiosa-técnica judía, Él ofreció su vida, toda su vida. 

Popularizar la fe es buscar la sencillez, es ahondar en la fuente que hay tras la corriente de agua, es descubrir lo original e incontaminado, es buscar el fondo que nos une más que lo que me distingue, en ocasiones es des-aprender para poder comprender, es...como dicen los  clásicos de la espiritualidad, conquistar una segunda ingenuidad que nos permita sabernos juntos buscando,  más que aislados compitiendo. 
Por eso, diría Jesús, "te doy gracias Padre..."

EVANGELIO DEL LUNES 30 DE NOVIEMBRE. FIESTA DE San Andrés.




EVANGELIO
En aquel tiempo, pasando Jesús junto al lago de Galilea, vio a dos hermanos, a Simón, al que llaman Pedro, y a Andrés, su hermano, que estaban echando el copo en el lago, pues eran pescadores. Les dijo:
-«Venid y seguidme, y os haré pescadores de hombres.» Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron. Y, pasando adelante, vio a otros dos hermanos, a Santiago, hijo de Zebedeo, y a Juan, que estaban en la barca repasando las redes con Zebedeo, su padre. Jesús los llamó también. Inmediatamente dejaron la barca y a su padre y lo siguieron.

Mateo  4, 18-22

EVANGELIO DEL DOMINGO 29 DE NOVIEMBRE. SEMANA 1 DE ADVIENTO



EVANGELIO 
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
–«Mirad, vigilad: pues no sabéis cuándo es el momento.
Es igual que un hombre que se fue de viaje y dejó su casa, y dio a cada uno de sus criados su tarea, encargando al portero que velara.
Velad entonces, pues no sabéis cuándo vendrá el dueño de la casa, si al atardecer, o a medianoche, o al canto del gallo, o al amanecer; no sea que venga inesperadamente y os encuentre dormidos.
Lo que os digo a vosotros lo digo a todos: ¡Velad!»

Marcos   13, 33-37
COMENTARIO

Es curiosa la llamada a la vigilancia presente en la primera comunidad cristiana. El evangelio de hoy se sitúa a las puertas de los relatos de la pasión de Jesús. Me imagino que se preguntaría por el desenlace que le esperaba dada la forma de vida que había llevado. Aún así, no hay queja sino expectativa.

 

Por eso, ni el juicio, ni la resignación, ni la queja constituyen el centro de la vida del creyente. El cristiano se caracteriza por la atención y por la vigilancia. Y la vigilancia es la suerte de quienes tienen expectativas, es decir, de los que tienen esperanza. Estoy convencido que hay tantas maneras de vigilar como formas de esperar.

 

En ocasiones el creyente ha de ser como el vigilante de un museo; callado, sereno, tranquilo…muy tranquilo, la verdad, hasta el punto de ser inapreciable su presencia. Pero, en el momento en que alguien rebasa el espacio de seguridad de una obra de arte... allí está advirtiendo de la infracción. Y es que esperar es la actitud lúcida de quien sabe cuándo ha de estar paciente y cuándo agente; cuándo hay que llorar y cuando reír; cuando hay que pronunciar la palabra adecuada o valerte del silencio revelador. 

 

Otras veces el creyente ha de ser como el científico ante un microscopio. El científico vigila al objeto que investiga minuciosamente y sabe de sus comportamientos aparentemente imperceptibles. El mundo que se ve vigilando con un microscopio escapa a la percepción normal y cotidiana. Hay mucha vida que está delante de nosotros cada día y no la vemos. Es muy típico el comentario que hacemos ante alguien que nos sorprende con actitud, y entonces le decimos: "en el fondo... eres buena persona". Esperar, también significa ejercitarse en el noble arte de saber mirar lo pequeñoel fondo, lo inexplorado de quién tenemos a nuestro lado.

 

Y también, el creyente ha de emular a los marineros vigías que subidos en la cofa de un barco avistaban tierra. Aún les quedaba trecho por recorrer, pero la ilusión por la llegada futura bien les merecía la pasión del embregado presente. Las personas necesitamos tener ilusiones, sueños y puntos de llegada posibles que, en sana tensión vital, nos recuerde que el esfuerzo de cada día no es irrelevante, sino más bien conveniente.