Parroquias de Alcadozo y Liétor

EVANGELIO DEL MIÉRCOLES, 24 DE FEBRERO . SEMANA 1ª DE CUARESMA.




EVANGELIO

La gente se apiñaba alrededor de Jesús, y él se puso a decirles: «Esta generación es una generación perversa. Pide un signo, pero no se le dará más signo que el signo de Jonás. Como Jonás fue un signo para los habitantes de Nínive, lo mismo será el Hijo del hombre para esta generación. Cuando sean juzgados los hombres de esta generación, la reina del Sur se levantará y hará que los condenen; porque ella vino desde los confines de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón, y aquí hay uno que es más que Salomón. Cuando sea juzgada esta generación, los hombres de Nínive se alzarán y harán que los condenen; porque ellos se convirtieron con la predicación de Jonás, y aquí hay uno que es más que Jonás».

Lucas 11, 29-32

MARTES DE LA SEMANA 1ª DE CUARESMA. EL EVANGELIO DEL 20 DE FEBRERO.



EVANGELIO
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Cuando recéis, no uséis muchas palabras, como los gentiles, que se imaginan que por hablar mucho les harán caso. No seáis como ellos, pues vuestro Padre sabe lo que os hace falta antes que lo pidáis. Vosotros rezad así: "Padre nuestro del cielo, santificado sea tu nombre, venga tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo, danos hoy el pan nuestro de cada día, perdónanos nuestras ofensas, pues nosotros hemos perdonado a los que nos han ofendido, no nos dejes caer en la tentación, sino líbranos del Maligno." Porque si perdonáis a los demás sus culpas, también vuestro Padre del cielo os perdonará a vosotros. Pero si no perdonáis a los demás, tampoco vuestro Padre perdonará vuestras culpas.»

Mateo 6, 7-15

EL EVANGELIO DE HOY, DOMINGO I DE CUARESMA




EVANGELIO
En aquel tiempo, el Espíritu empujó a Jesús al desierto.
Se quedó en el desierto cuarenta días, dejándose tentar Satanás; vivía entre alimañas, y los ángeles le servían.Cuando arrestaron a Juan, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios. Decía:–«Se ha cumplido el plazo, está cerca el reino de Dios: convertíos y creed en el Evangelio.»


Marcos   1, 12-15
COMENTARIO


Yo no he estado en ningún desierto geográfico; lo más por lo que he caminado ha sido los campos castellanos y algunas zonas de la mancha.

Desiertos existenciales, sin embargo, he pasado por varios. De esos desiertos os quiero hablar; para mí los desiertos existenciales tienen tres características: ausencia de referencias, soledad y cansancio.

“Ausencia de referencias” porque puedes creer estar en el centro de todo o al margen de la nada. Y ahí tus “fierecillas interiores” juegan contigo al despiste. ¿Eres “alguien” para los demás? ¿Lo eres “todo” para “alguien”? ¿Son “alguien” los demás en tu vida? Primera tentación.

“Soledad”; soledad que ocurre cuando las “fierecillas interiores” te dicen un día si y otro también que esto es para ti y para nadie más; que al final sólo te tienes tu y que, por tanto, “nada debes” y “nadie te debe”. Segunda tentación.

“Cansancio”; es decir, sensación de que hagas lo que hagas tu eres de los que en la vida les ha tocado ese papel y por mucho que lo intentes siempre tendrás ese papel. Siempre perseguido, siempre huyendo, siempre fatigado… Tercera tentación.

Tres tentaciones que en el fondo son una: el gran problema del ser humano, su gran desierto, es pretender colocarte en el centro de tu vida. Cuando eso te ocurre el “yo” se nos hace tan grande que prácticamente aniquilamos a los demás en la vida y nos quedamos “sin referencias”, “solos” y “cansados de nosotros mismos”. No me extraña. Toda la vida “con uno mismo”, se vuelve aburrida. Y la vida se hace desierto.

Esa es la auténtica tentación. La tentación de “ser el centro”, de “colocarte en el centro”, de “huir de tus periferias (hirientes, en ocasiones)”.

¿Cómo consiguió Jesús salir de su desierto?: des-centrándose; es decir dejando de pensar en si mismo y viéndose “hombre para los demás”. O dicho con otras palabras, descubriendo a los demás como un “tú para ti”. Porque Jesús es quien descubre al endemoniado, al leproso, al paralítico… como portadores de una fuerza de Dios, hasta ese tiempo desapercibida para muchos.

Jesús, des-centrándose, convierte en centro a los demás. Y así se produce el milagro del encuentro, de la racionalidad sanadora, de la felicidad.

Podemos hacer de nuestra vida una nueva edición de “el mundo contra mi y yo contra el mundo”. Pero, si así lo hacemos, al final conseguiremos convertir nuestro mundo –mi mundo- en un permanente e incómodo desierto. Y el que sigue, lo consigue. Decide.


Os dejo varias cosas a mitad de camino entre lo bíblico y los espiritual:

UNA REFLEXIÓN SOBRE EL DESIERTO COMO LUGAR TEOLÓGICO ••• 

LA ESPIRITUALIDAD DEL DESIERTO •••