Parroquias de Alcadozo y Liétor

EVANGELIO DEL MIÉRCOLES 7 DE ABRIL. SEMANA 1 DEL TIEMPO DE PASCUA.

EVANGELIO
Dos discípulos de Jesús iban andando aquel mismo día, el primero de la semana, a una aldea llamada Emaús, distante unas dos leguas de Jerusalén; iban comentando todo lo que había sucedido. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo.

EVANGELIO DEL MARTES, 6 DE ABRIL. SEMANA 1 DEL TIEMPO DE PASCUA.


EVANGELIO
“En aquel tiempo, fuera, junto al sepulcro, estaba María, llorando. Mientras lloraba, se asomó al sepulcro y vio dos ángeles vestidos de blanco, sentados, uno a la cabecera y otro a los pies, donde había estado el cuerpo de Jesús. Ellos le preguntan: Mujer, ¿por qué lloras? Ella les contesta: Porque se han llevado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto. Dicho esto, da media vuelta y ve a Jesús, de pie, pero no sabía que era Jesús. Jesús le dice: Mujer, ¿por qué lloras?, ¿a quién buscas? Ella, tomándolo por el hortelano, le contesta: Señor, si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo lo recogeré. Jesús le dice: ¡María! Ella se vuelve y le dice: ¡Rabboni!, que significa: ¡Maestro! Jesús le dice: Suéltame, que todavía no he subido al Padre. Anda, ve a mis hermanos y diles: Subo al Padre mío y Padre vuestro, al Dios mío y Dios vuestro. María Magdalena fue y anunció a los discípulos: He visto al Señor y ha dicho esto”.

Juan 20, 11-18

COMENTARIO

La narración del encuentro de Magdalena con Jesus Resucitado responde al esquema típico de los relatos de las apariciones de Jesús: tristeza, confusión, asombro y sensación de volatilidad de lo divino. Más allá de las anécdotas que tiene el texto descubrimos dos grades verdades.

Probablemente, la primitiva comunidad cristiana tuvo los mismos problemas que nosotros para sentir la vida resucitada y sentir la propia vida como "vida resucitada. Todos los encuentros de los discípulos y discípulas son “confusos”; todos los encuentros tienen una “dificultad” de percepción. 

La primitiva comunidad es muy “honrada” y “novela”, de algún modo, estos encuentros. Lo que está claro es que aquella primitiva comunidad sintió que la vida le había cambiado o estaba en trance de cambio. 

La carta del apóstol Pedro que leemos hoy en el "Oficio de Lectura", así lo afirma: "Mirad que habéis vuelto a nacer...por eso, despojaos de toda maldad, de toda doblez, fingimiento, envidia... Como el niño reciben nacido ansía la leche... ansiadla también vosotros..." (1Pedro, 1)

Magdalena nos certifica la ambigüedad de lo divino, dándonos entender que el claroscuro de la historia nos acompaña siempre. 

En segundo lugar: nadie puede apropiarse de Dios. El “noli me tangere” –no me toques-, significa que ningún lenguaje, ninguna institución, ningún “iluminado” puede decir Dios es “esto” y no “esto otro”. 

A Dios nos “aproximamos”, es decir nos a-pro-jimamos (nos hacemos prójimos de él). Hoy cobra especialmente fuerza la frase de la Primera carta de Juan: "Si alguno dice que ama a Dios y no ama a su hermano, es un farsante" (1 Juan 4, 20). Desde el testimonio de Jesús, la projimidad es el "nuevo escenario de lo divino". 


DOMINGO DE RESURRECCIÓN



LA PALABRA
“Y María la Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro...

Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Este inclinándose, vio los lienzos tendidos; pero no entró. Pedro entró en el sepulcro: vio los lienzos tendidos... Entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó.”

“No temáis: id a Galilea” 
 (Evangelios de Juan y de Mateo)

LA EXPERIENCIA

Los Evangelios de la Vigilia y del Domingo de Pascua nos proponen dos paradas en este itinerario de la Vida: el sepulcro y Galilea.

A los sepulcros hay que ir para ver qué queda allí de la vida que fue enterrada. El sepulcro hay que mirarlo, verlo, contemplarlo... En ellos solo están los “restos” de la muerte.

Y “Galilea” es la vida de siempre, contemplada con ojos nuevos. Eso es la Pascua.

LA CELEBRACIÓN

Este Domingo de Pascua, por un instante, afina tu mirada y contémplate:

1. Ponte delante de un espejo. Mírate. Eres la misma persona de siempre. Ahora da un paso más e intenta ver algo de ti en lo que no había caído en la cuenta. Y después contémplalo con gratitud. Mirar-Ver-Contemplar, este es el itinerario de la Vida Nueva

2. Ponte ahora delante de una ventana de tu casa. Mirarás a lo de siempre... a los vecinos de siempre y el paisaje de siempre.
Intenta verlo y contemplarlo con ojos nuevos.



LA PLEGARIA

¡Señor y dador de vida,
en Jesús descubrimos 
una muerte que ha sido vencida.
Pascua es cuando nosotros 
somos capaces de vencer 
nuestros malos genios, nuestros rencores, 
nuestros pesimismos y nuestras barreras.
Que tu espíritu de Amor, 
aliente esta nueva mirada sobre la vida
Amén!