Parroquias de Alcadozo y Liétor

EVANGELIO DEL MIERCOLES 15 DE MAYO.SEMANA 4ª DEL TIEMPO ORDINARIO


EVANGELIO
En aquel tiempo, Jesús dijo, gritando: «El que cree en mí, no cree en mí, sino en el que me ha enviado. Y el que me ve a mí ve al que me ha enviado. 
Yo he venido al mundo como luz, y así el que cree en mí no quedará en tinieblas. Al que oiga mis palabras y no las cumpla yo no lo juzgo, porque no he venido para juzgar al mundo, sino para salvar al mundo. El que me rechaza y no acepta mis palabras tiene quien lo juzgue: la palabra que yo he pronunciado, ésa lo juzgará en el último día. Porque yo no he hablado por cuenta mía; el Padre que me envió es quien me ha ordenado lo que he de decir y cómo he de hablar. Y sé que su mandato es vida eterna. Por tanto, lo que yo hablo lo hablo como me ha encargado el Padre.»


Juan   12, 44-50

COMENTARIO

Es posible descubrir en cada una de las semanas de este tiempo de Pascua un cierto lema que da unidad al itinerario de este tiempo litúrgico. Pasado el tiempo de los testigos y de los testimonios (primera y segunda semana), Cristo es presentado como pan vivo (tercera semana) y como luz (cuarta semana, en la que estamos).

Y justo a mitad e la semana aparece la frase culmen: “Yo he venido al mundo como luz”. Otras religiones hacen del misterio y de lo oculto la razón de ser de la creencia. Pero el cristianismo, al menos fundacionalmente, tiene que ver con la luz. 

En su nacimiento Jesús es comparado con el “sol naciente” o la “luz que nace de lo alto”, los testimonios de la resurrección “ocurren” al “amanecer”; Jesus se presenta como la “luz del mundo”.

Quizás por eso todos los verbos con los que “se relaciona” la palabra Jesús en el evangelio de hoy son verbos positivos: Jesús ha venido a “salvar” y a ofrecer la “vida eterna”. Y sus contrapuntos son: “tiniebla” y “condena”.

Por tal razón, cuando nos empeñamos en convertir el cristianismo en una religión difícil, llena de inconvenientes y de normas,  en el fondo estamos siendo obsesivamente infieles al sentido común que portaba Jesús.

Aportar “lucidez” allí donde estamos, “poner luz” en medio de las realidades incómodas y conflictivas, “facilitar la vida” (quitando los obstáculos)…todo esto, quizás sea una buena manera de seguir la estela marcada en su día por el maestro de Galilea.

EVANGELIO DEL MARTES 27 DE ABRIL. SEMANA 4 DEL TIEMPO DE PASCUA.


EVANGELIO
Se celebraba en Jerusalén la fiesta de la Dedicación del templo. Era invierno, y Jesús se paseaba en el templo por el pórtico de Salomón.
Los judíos, rodeándolo, le preguntaban:
«¿Hasta cuándo nos vas a tener en suspenso? Si tú eres el Mesías, dínoslo francamente».
Jesús les respondió:
«Os lo he dicho, y no creéis; las obras que yo hago en nombre de mi Padre, esas dan testimonio de mí. Pero vosotros no creéis, porque no sois de mis ovejas. Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna; no perecerán para siempre, y nadie las arrebatará de mi mano. Lo que mi Padre me ha dado es más que todas las cosas, y nadie puede arrebatar nada de la mano de mi Padre. Yo y el Padre somos uno».

Juan   10, 22-30

COMENTARIO

«¿Hasta cuándo nos vas a tener en suspenso? Si tú eres el Mesías, dínoslo francamente».

No pocas veces los ojos se enturbian y los oídos se cierran. Y entonces, somos incapaces de comprender y de entender. En tales momentos nos encantaría una palabra clara, fácil, evidente; una especie de "manual rápido para inexpertos" en esto de la fe y de la religión.

Pero esto nada tiene que ver con la fe. La experiencia de la fe no supone la renuncia a lo razonable, y tampoco está exenta de la contradicción. 

En el evangelio de hoy Jesús le dice a los judíos que tienen que escuchar bien y mirar adecuadamente. Y en sus palabras y en sus acciones, está la respuesta a su pregunta.

Para Jesús "ser del rebaño" no es lo mismo que "sentirse un ovejo" (esto no lo entendió Nietzsche). "Ser del rebaño" es intentar continuamente buscar sintonías, localizar puntos de encuentro y caminar en compañía de otros. El "ovejo", más bien, tiende a lo suyo, se pierde y da permanentemente la nota.

Probablemente no podemos perder la perspectiva comunitaria y de Iglesia para permanecer en la fe. Pero dicha perspectiva nada tiene que ver ni con la obediencia ciega acrítica, ni con los personalismos excluyentes. Ambas cosas son dos expresiones modernas del cristianismo "modo ovejo".












EVANGELIO DEL LUNES, 27 DE ABRIL. SEMANA 4ª PASCUA



EVANGELIO

En aquel tiempo dijo Jesús a los fariseos:
–Yo soy el buen Pastor. El buen pastor da la vida por las ovejas; el asalariado, que no es pastor ni dueño de las ovejas, ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye; y el lobo hace estrago y las dispersa; y es que a un asalariado no le importan las ovejas.
Yo soy el buen Pastor, que conozco a las mías y las mías me conocen, igual que el Padre me conoce y yo conozco al Padre; yo doy mi vida por las ovejas.
Tengo, además, otras ovejas que no son de este redil; también a ésas las tengo que traer, y escucharán mi voz y habrá un solo rebaño, un solo Pastor.

Por eso me ama el Padre: porque yo entrego mi vida para poder recuperarla. Nadie me la quita, sino que yo la entrego libremente. Tengo poder para quitarla y tengo poder para recuperarla. Este mandato he recibido del Padre.

Juan   10, 11-18

EVANGELIO DEL MIÉRCOLES 21 DE ABRIL. SEMANA 3 DEL TIEMPO DE PASCUA


EVANGELIO
En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: - «Yo soy el pan de la vida. El que viene a mí no pasará hambre, y el que cree en mí nunca pasará sed; pero, como os he dicho, me habéis visto y no creéis.
Todo lo que me da el Padre vendrá a mí, y al que venga a mí no lo echaré afuera, porque he bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado. Ésta es la voluntad del que me ha enviado: que no pierda nada de lo que me dio, sino que lo resucite en el último día. Esta es la voluntad de mi Padre:'que todo el que ve al Hijo y cree en él tenga vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día.»

Juan   6, 35-40